- "¡Decid PA-TA-TAAAAAAAA!"
Esa es la frase más utilizada para sacarnos una sonrisa a la hora de sacar una de las tropecientasmil fotos que nos tiene deparadas el destino para el día X, bien sea porque es un cumpleaños, una boda, un bautizo, o simplemente estés visitando una ciudad nueva y quieran tener un recuerdo contigo, en el que queda plasmado tal y como eres físicamente en ese momento, te guste o no.
Es una sonrisa fingida, generalmente, pero que intentamos que se vea natural y para nada forzada. A veces lo conseguimos, otras no, aunque con la práctica suelen acabar pasando por sonrisas normales y corrientes.
Pero estas situaciones no son las únicas en las que fingimos sonreír. ¿Qué me decís de esas veces que alguien os cuenta un chiste, no os hace gracia, pero que esbozas una pequeña sonrisita y os reís por lo bajo? ¿O cuando pones un amago de cara terrorífica (en la que generalmente acabas haciendo muecas raras donde las haya) para intentar asustar a alguien o decirle, sin palabras, que se prepare para algo que le espera?
Como estas hay muchas otras situaciones, pero la más incómoda y agotadora de todas es, sin lugar a dudas, el tener que sonreír día a día sin razón alguna, sin tener motivos para ello, no sólo porque no quieres que te vean mal, sino porque puedes ser muy reservado hasta con tu entorno más cercano, o porque no quieres preocuparles con tus problemas, por ejemplo. Y acaba cansando. Mucho.
En el fondo siempre me acabo preguntando porqué hago esto, si no vale nada más que para acumular sentimientos, sensaciones y quebraderos de cabeza. Y no encuentro una respuesta. Nunca. Porque como siempre, el fotógrafo de turno, antes de que dé tiempo a nada, dice la siguiente (ya mítica, a mi parecer) frase:
- "¡QUIETOS TODOS, QUE VA OTRA!"
Por lo que, una vez más, volvemos a poner nuestra mejor sonrisa fingida.
Y volvemos a empezar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario